La gran importancia de la psicoterapia

Por Malke Aronovich London

“Yo no entiendo porque alguien debe ir a ver a otra persona para resolver sus problemas”. Esta es la declaración más común que escucho acerca de la psicoterapia. Esta gente cree que debemos poder hacer las cosas nosotros mismos, sin tener que pagar a alguien que solo nos escuchen.

Esta declaración es típicamente hecha por individuos que no entienden la naturaleza de la psicoterapia y no tienen una idea clara acerca de la complejidad de la relación paciente-terapeuta. Con la esperanza de clarificar la esencia de la psicoterapia quisiera explicar brevemente que es y porque funciona.

Para poder entender la psicoterapia, debemos primero entender porque se desarrollan los problemas emocionales, interpersonales y de comportamiento. Hay muchas explicaciones teóricas sobre nuestros sufrimientos, pero a pesar de las mismas pienso que hay una razón básica que funciona a través de estos modelos teóricos: ignorancia.

Sufrimos emocionalmente porque somos sobre todo ignorantes del porque actuamos de la manera que lo hacemos así como también sobre la base de nuestras reacciones emocionales y de comportamiento. Tal ignorancia nada tiene que ver con la inteligencia, más bien tiene que ver con la condición básica de la calidad humana de no querer enfrentar algo que evaluamos como débil, vergonzoso o incorrecto.

A través de nuestra vida nos enseñan que una forma de actuación es mejor que la otra y que un tipo de persona es más aceptable que otra, nos entrenan directa o indirectamente, con la observación, la imitación y el castigo sobre el como debemos conducirnos y como debemos “ser”. De manera mas marcada nos demuestran como debemos sentir en una situación dada y como debemos responder a tal sensación. Este entrenamiento forma parte importante de nuestro proceso de socialización que más allá de sus beneficios, se convierte en la base de nuestro sufrimiento emocional.

Como resultado de la socialización, debemos escoger que aspectos o rasgos de nuestra personalidad podemos mostrar al mundo. La mayoría de nosotros nos enteramos a una edad asombrosamente temprana sobre cuales rasgos de nuestra personalidad eran catalogados como buenos o malos. Los malos se escondían de la vista pública y los buenos desfilaban y se alababan públicamente.

Esos rasgos a los que “elegimos” no hacer caso (a raíz de nuestra ignorancia) no desaparecen simplemente, se quedan operando fuera de nuestra esfera de consciencia afectando nuestra personalidad y relaciones interpersonales de una manera silenciosa y de increíble alcance.

La imagen que se evoca cuando pienso en este proceso es la de una casa con muchas habitaciones. La mayor parte de nosotros hemos aprendido que ciertas habitaciones nos hacen sentir más confortables y gastamos grandes cantidades de dinero para arreglar de manera impecable esas habitaciones, colocamos los muebles derechos, aplicamos el color que refleja nuestro estilo y gustos, agregando decoraciones que permiten que pongamos nuestra mejor cara adelante. Sin embargo en otras habitaciones, las hemos cerrado o trabado, no pueden ser vistas y mucho menos reconocidas. Detrás de las puertas bloqueadas, sin embargo, hay gran actividad, el agua y la electricidad funcionan libremente dentro de las paredes.

Tarde o temprano una pipa de agua soltara un escape o una línea eléctrica causara un corto circuito y toda la casa se vera afectada. Puesto que las habitaciones están cerradas, ignoradas por su dueño, éste nunca pensará en mirar adentro para encontrar la raíz del problema. Se intentan toda clase de remedios, algunos pueden dar el aspecto de ser la solución mientras que otros están condenados a fallar. A medida que el problema continua a pesar de nuestras mejores intenciones comenzamos a interpretar el problema como reflejo de defectos vergonzosos en la construcción, nuestra incompetencia como dueños de la casa o como indicación de que somos las victimas de ciertas fuerza malvada que esta al acecho fuera de nuestra casa y nos volvemos desesperados frente a nuestra diagnosis.

Nuestra inhabilidad para enfocar y resolver el problema es inevitable dado que estamos haciendo caso omiso de la verdadera causa, lo que nos lleva con frecuencia a la depresión, rabia, pánico o la necesidad de castigar a quienes creemos responsables del problema. Podemos aislarnos y/o comenzar a sufrir insomnio por no poder dejar de pensar en el problema y/o no hacer caso de la problemática entera entumeciéndolos con alimentos o drogas. Tales remedios crearan un nuevo sistema de problemas incluso más molestos que el original.

Cuando el dueño de la casa se siente abrumado, cuando ya no puede vivir más en la situación actual o cuando los familiares empiezan a notar síntomas imposibles de ignorar, se busca finalmente ayuda.

El psicoterapeuta es un arquitecto cuyo dominio es el corazón y el alma, con su entrenamiento, sus experiencias personales y profesionales así como su autodescubrimiento es quien puede ayudar a encontrar las verdaderas causas de sufrimiento de las personas. Equipado de un proyecto original (indicadores) de conductas humanas y sufrimiento emocional, la psicoterapia acompaña al dueño de la casa a través de las habitaciones que estaban cerradas y de sus propias sombras.

El psicoterapeuta armado con una linterna y una caja de herramientas abre y explora cuidadosamente junto con el paciente cada sitio buscando la causa del problema. Algunas habitaciones se investigan a fondo y consecuentemente se crea una nueva versión de la casa. Una vez que el proceso comienza el dueño de la casa desarrolla un mayor sentido sobre como y porque es que funciona su casa de la manera que lo hace. En consecuencia este conocimiento genera una sensación de control sobre el funcionamiento de la casa lo cual se convierte en el antídoto para el sufrimiento.

 

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